Tengo el techo doblado. Carajo! Se me dobla el techo!
Son un montón de basuritas que están ahí dentro que hacen peso y se me van a caer en la cabeza,
seguro Perla tampoco se salva, todo su pelaje quedará empapado de hojas y bichitos (espero que estén todos muertos, a mi aterran los bichos y a Perla más aún las hojas vivas).
Menos mal que justo llega Felipe en la camioneta llena de frutas que me invita a subir para comer algunas.
En eso Perla comienza a ladrar, como si hubiera alguna presencia extraña en la casa, salta el portón y huye, corriendo despavoridamente por la calle y la pierdo de vista. Felipe la sigue y yo entro a casa.
Veo arriba el cielo: todo el techo se había caído y las hojas vivas saltaban de alegría.
No.
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