Era de noche, una noche amiga. Me acosté en el patio, con las piernas cruzadas tenia la espalda sobre unas piedritas blancas. Escuchaba lo que hablaban los demás. Hablaban de coger y fumar y de vez en cuando miraban el techo de estrellas y se reían a carcajadas. Era como una cárcel, el lugar, el tiempo, eran cárcel. Era como estar encerrados en algo así como un sueño, pero con televisión en blanco y negro y un ascensor rojo, tapizado y sin espejos. De repente esa estrella que estaba viendo empezó a subir y a bajar, era muy divertido, pero me dolía el pecho y sentía unas ganas de vomitar tremendas, que me hicieron levantar casi de golpe. Caminé rumbo hacia adentro y vi en el camino a dos sentados besándose como perros, en una escalera de cemento.Giré sobre el umbral de la puerta y seguí caminando hasta donde me esperaba mi improvisada cama, vi que había dos o cuatro más abrazándose y tocándose con esas manos llenas de amor y sin ganas por el cansancio. Me acosté antes logrando sacarme las zapatillas y casi en un momento rápido volví a levantarme y tuve que correr hasta al baño. La cabeza estaba acelerada tanto que pensaba todo al mismo tiempo, me acordé de Artaud, y esas ganas de pegarse un tiro, de mojarme la cara y largar en el inodoro un montón de contenido que se aproximaba a mi garganta cuando me movía en el espacio. El piso era blanco y negro, y me tiré en él para estar mas cómoda. Me desperté como a las dos horas, y alguien estaba hablándome.
No.
No.