Es como si el día y la noche se enlazaran y ese instante se hiciera eterno.
La realidad se despega del ser y las verdades absolutas se unen ávidamente en un hilo del color de todas las flores que envuelven azarosas las simetrías de esas figuras que acompañan todos los museos y todas las bibliotecas, todos los barcos y los puentes, todas las ciudades y todo el salvaje el deseo.
En un segundo, todo se destruye y vuelve a construirse en el cerrar de tus párpados.
No.
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