¿Por qué justo tuve que mirar por la ventana y verte cruzar la esquina y que te metieras por las vías del tren y no tomar el tren, sino verte que ibas a caminar esa tarde tan linda (hermosa, para ser exactos), y que yo justo iba para el lado contrario y no a pié, porque si no me hubiera cruzado de vereda para hablarte? ¿Por qué? Si yo iba bien sentada en el último asiento del colectivo. Y vos te cruzaste por la ventana para amargarme el día entero con tu cara de dulce ermitaño poeta y todo, así no más, sin preocupación por a ver quien te anda alrededor (revoloteándote, justamente ahí) y a su vez enamorándote del todo.
Lo peor fue darme cuenta en ese preciso instante que eso ya lo había pensado y ya lo había vivido pero vos no te habías cruzado y yo no me había bajado a saludarte y caminar con vos esa tarde hermosamente injusta.
No.
No hay comentarios:
Publicar un comentario