sábado, 18 de junio de 2011

Elementos compositivos

Estaba el hombre en su asiento, la señora. Un poco más allá la chica con un saco negro hasta las rodillas. El tren avanzaba. Alguien subió cuando el tren paró en la estación y se acomodó justo al lado de donde yo estaba sentada.
Para esto, yo venia mirando hacia fuera, como todos, por la ventanilla, mirando algo seguramente mas allá de lo que veía por la ventana. Imaginándome cosas y renunciando a ideas y ecuaciones torpes del que si, quizá, a veces, ojala y mientras.
El traqueteo del tren me hacia cerrar los ojos y logré apoyarme contra el borde de la ventana, el brazo incómodo y la mano dentro del bolsillo.
Cuando escuché la primer caída de los elementos estaba pensando en como subir la escalera, caminar el largo pasillo hasta la puerta final, abrir la puerta, cruzar el teléfono alcanzar a verlo y… Escuché la segunda caída como un golpe fuerte.
Miré hacia abajo, el pie del hombre estaba ahí parado y junto a el estaba el elemento primero, más allá seguía rodando el numero dos. Se le hacia difícil quedarse quieto con semejante movimiento del tren.
Al parecer nadie se daba cuenta de lo que sucedía y menos mal, porque no hubiera soportado las miradas del hombre en el asiento, de la señora a su lado, de la chica del saco y del pie del hombre.
Me agaché sin antes conseguir que se me cayeran otros más y que se fueran rodando por debajo de los demás asientos, me estaba descomponiendo de a poco y nadie lo notaba.
Me estaba destruyendo y el traqueteo y el teléfono y ahí no más estaba casi me le acerco y llego a decirle que...
Los elementos compositivos seguían cayéndoseme. El tren no paró en la estación siguiente y la muchacha del saco rezongaba.


No.




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